No sé si por suerte o por desgracia, pero a estas alturas ya nadie parece escandalizarse por ciertas noticias que en más de una ocasión me provocan un escalofrío y un sentimiento difícil de describir, algo así como una mezcla de preocupación y lástima.
Hoy día del aniversario de la muerte del Caudillo, y desde hace ya unas semanas, abundan en los periódicos (y supongo que en otro tipo de medios) una clase de noticia que parece más bien sacada de los libros de historia.
Hemos visto como el 28 de octubre, el Vaticano, repleto de nostálgicos de un régimen político anterior, y cargados de símbolos patrios, celebraban (si es que se puede llamar así) la beatificación de casi 500 “mártires” de la Iglesia Católica española que perdieron su vida durante la Guerra Civil, como no, defendiendo valientemente una causa tan noble como el alzamiento contra la República, una forma de gobierno deplorable que no supo poner a la Iglesia en el centro de la vida social, cultural y política, buscándose así su más que merecido fin a manos de los salvadores nacionales. No entiendo como hemos podido vivir todos estos años sin que estas nobles personas, que murieron en la cruzada contra el comunismo y el bolcheviquismo fueran honrados por su noble labor.
La cosa no termina aquí, como supongo todos conoceréis, han sido frecuentes las manifestaciones fascistas en memoria de personajes tales como Don Francisco Franco o por Don José Antonio Primo de Rivera (creo recordar), fundador de falange, bajo un lema que incluía la coletilla “Asesinado por el Partido Socialista”. Y como no era de esperar, en un ambiente tan respetuoso con la libertad de pensamiento y de expresión como el que suponen las asociaciones detrás de estas convocatorias, la situación terminó en desgracia hace no muchos días en Legazpi (Madrid) con un menor asesinado y varias personas heridas.
No cabe en mi estrecho entendimiento que más de treinta años después de la muerte del dictador, un sector tan amplio, o al menos tan ruidoso de la sociedad siga insistentemente recordándonos esta parte de nuestra historia.
La Iglesia beatifica a los cruzados por la patria, los nostálgicos honran a Franco y a Primo de Rivera, los partidos de ultraderecha convocan manifestaciones xenófobas que se saldan con jóvenes muertos…. ¿qué está pasando?, ¿es esto normal?
Por lo menos, me queda el ligero consuelo de que hoy Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal haya dicho lo siguiente: “Ante actuaciones concretas… en el decenio de los treinta… sin erigirnos orgullosamente en jueces de los demás, debemos pedir perdón y reorientarnos.” Y encima va el sector duro y le critica por ello!
Mikel Benito